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Piense y hágase rico

  Enseñando por primera vez, la famosa formula de Andrew Carnegie para ganar dinero basada en los PROBADOS TRECE PASOS para lograr HACERSE RICO. Organizado durante 25 años de investigación, en colaboración con más de 500 hombres distinguidos de grandes riquezas, quienes probaron mediante sus propios resultados que está filosofía es aplicable. ¿QUÉ ES LO QUE MÁS DESEA? ¿Es Dinero, Fama, Poder, Satisfacción, Personalidad, Paz Mental, Felicidad? Los Trece Pasos para Lograr Hacerse Rico descritos en este libro ofrecen la más concisa y confiable filosofía para alcanzar el logro personal nunca antes presentada, para beneficio del hombre o mujer que está buscando un objetivo final en su vida.


Paisagens da China e do Japão

  From Content: 'São tão lindas, as borboletas! Quem as vê, que não lhes queira? ahi vagabundando pelo azul dos campos, razando as corollas frescas, amando-se, beijando-se, libertas da larva abjecta, como almas de amantes despidas da miseria terreal, a viajarem no infinito... São tão lindas, as borboletas!...Mas na China são talvez mais lindas do que todas. É um deslumbramento surprehendel-as na quietação dos bosques, voejando aos pares, que se tocam, que se abraçam, e enfiando pelas sombras mysteriosas dos bambuaes, com as suas longas azas palpitantes, lancioladas, em matizes maravilhosos, de negros avelludados, de azues meigos, de amarellos quentes, como se as loucas vestissem cabaias de setim, de sedas de alto preço...Choc-In-Toi, a deliciosa Choc-In-Toi, habitava, ha longos seculos, uma pacifica aldeia do Yang-tsze-kiang, não longe do logar que hoje se diz Shanghae. Como fosse muito dada a estudos litterarios e as escolas do seu sexo não lhe satisfizessem a ambição, conseguiu que seus paes lhe permittissem o disfarçar-se em homem, e assim abalou, a ir frequentar a mais famosa universidade do imperio. Volveu ao lar apóz tres annos; volveu tão pura como fôra; da sua innocencia ha provas irrecusaveis. Para não divagar muito n'estas paginas, basta dizer a quem me queira ouvir, que um lenço de seda branca, que ella enterrara na lama em presença d'uma sua cunhada predisposta a vaticinar-lhe rudes lances, foi depois tirado sem uma só mancha e sem um só farpão, branco, puro, como a alma da donzella; e basta saber que as flôres da sua preferencia, que ella deixára no jardim, rogando aos deus Choc-In-Toi, a deliciosa Choc-In-Toi, habitava, ha longos seculos, uma pacifica aldeia do Yang-tsze-kiang, não longe do logar que hoje se diz Shanghae. Como fosse muito dada a estudos litterarios e as escolas do seu sexo não lhe satisfizessem a ambição, conseguiu que seus paes lhe permittissem o disfarçar-se em homem, e assim abalou, a ir frequentar a mais famosa universidade do imperio. Volveu ao lar apóz tres annos; volveu tão pura como fôra; da sua innocencia ha provas irrecusaveis. Para não divagar muito n'estas paginas, basta dizer a quem me queira ouvir, que um lenço de seda branca, que ella enterrara na lama em presença d'uma sua cunhada predisposta a vaticinar-lhe rudes lances, foi depois tirado sem uma só mancha e sem um só farpão, branco, puro, como a alma da donzella; e basta saber que as flôres da sua preferencia, que ella deixára no jardim, rogando aos deuses que as conservassem frescas como ella, assim se conservaram durante a longa ausencia, embora, como consta, a  cunhada as fosse regando com agua quente tirada da chaleira.'


Cádiz by Benito Pérez Galdós

  De Contenido: 'En una mañana del mes de Febrero de 1810 tuve que salir de la Isla, donde estaba de guarnición, para ir a Cádiz, obedeciendo a un aviso tan discreto como breve que cierta dama tuvo la bondad de enviarme. El día era hermoso, claro y alegre cual de Andalucía, y recorrí con otros compañeros, que hacia el mismo punto si no con igual objeto caminaban, el largo istmo que sirve para que el continente no tenga la desdicha de estar separado de Cádiz; examinamos al paso las obras admirables de Torregorda, la Cortadura y Puntales, charlamos con los frailes y personas graves que trabajaban en las fortificaciones; disputamos sobre si se percibían claramente o no las posiciones de los franceses al otro lado de la bahía; echamos unas cañas en el figón de Poenco, junto a la Puerta de Tierra, y finalmente, nos separamos en la plaza de San Juan de Dios, para marchar cada cual a su destino. Repito que era en Febrero, y aunque no puedo precisar el día, sí afirmo que corrían los principios de dicho mes, pues aún estaba calentita la famosa respuesta: «La ciudad de Cádiz, fiel a los principios que ha jurado, no reconoce otro rey que al señor D. Femando VII. 6 de Febrero de 1810». Cuando llegué a la calle de la Verónica, y a la casa de doña Flora, esta me dijo:—¡Cuán impaciente está la señora condesa, caballerito, y cómo se conoce que se ha distraído usted mirando a las majas que van a alborotar a casa del señor Poenco en Puerta de Tierra! —Señora—le respondí—juro a usted que fuera de Pepa Hígados, la Churriana, y María de las Nieves, la de Sevilla, no había moza alguna en casa de Poenco. También pongo a Dios por testigo de que no nos detuvimos más que una hora y esto porque no nos llamaran descorteses y malos caballeros.'


MEMORIAS DE UN VIGILANTE

  De Contento: José S. Alvarez (Fray Mocho), nació en Gualeguaychú, Provincia de Entre Ríos, el 26 de Agosto de 1858. Su temprana afición a observar los aspectos más pintorescos de la vida le encaminó por el doble sendero del periodismo y de la investigación policial. Así, entre cuartilla y cuartilla, llegó a ocupar el puesto de Comisario de Pesquisas en la Policía de Buenos Aires, que tanto se adaptaba a las modalidades de su espíritu curioso y novelesco. En ese carácter publicó (1887) su famosa Galería de ladrones de la capital, en 2 gruesos volúmenes, colección de fotografías policiales comentadas con perspicacia; aunque esa obra tenía un carácter puramente técnico, Alvarez demostraba en las más nimias acotaciones esa extraordinaria agudeza de ingenio que más tarde floreció en sus leidísimos cuentos y en su inextinguible pasión de conversar. En 1899 se asoció con Bartolito Mitre para fundar una revista ilustrada, que llegó a ser la popularísima Caras y Caretas, hoy convertida en magna empresa que coopera al desenvolvimiento de las artes y las letras. Su obra propiamente literaria consta de cinco libros, en los que supo sacar partido de sus cualidades de observador y de su estilo lleno de gracia picaresca. El 'cuento de costumbres' llegó a ser su especialidad, en lo que tuvo muchos imitadores, sin ser igualado. Su primer libro, Memorias de un vigilante (1897), vio la luz bajo el pseudónimo de Fabio Carrizo; le siguieron Viaje al país de los matreros (1897) y En el mar austral (1898). En el tercer aniversario de su muerte se reunieron sus cuentos, publicados en la revista Caras y Caretas, bajo el titulo Cuentos de Fray Mocho (1906). Otros no han sido publicados en libro y aparecerán con el título Salero Criollo. Falleció en Buenos Aires, el 23 de Agosto de 1903.


Diario de un reconocimiento de la guardia y fortines by Félix de Azara

  De Contenido: 'Este cuaderno, que contiene uno de los tantos proyectos que se han formado para la seguridad de nuestros campos, recuerda tambien uno de los importantes trabajos de D. Felix de Azara en estas provincias. El virey Melo, testigo del celo de este inteligente oficial en el Paraguay, aprovechó su inaccion en Buenos Aires para encargarle el reconocimiento de nuestra frontera. La proximidad el arrojo de los bárbaros mantenian á los pocos moradores del campo en una alarma continua; y se trataba menos de entanchar nuestro territorio, que defender la vida de sus habitantes. Hasta entonces, y mucho despues, el que presidia el vasto vireinato de Buenos Aires mandaba obsequiar á los caciques para que no le hostilizasen, y era general el deseo de salir de un estado tan degradante. Los hacendados y el Cabildo habian representado al Rey la necesidad de avanzar y proteger las poblaciones: muchas cédulas habian llegado de España con la aprobacion de estos planes, y destinando fondos para realizarlos; pero nunca faltaban [Pg ii]pretextos para eludirlas, y la obra de nuestra frontera habia tenido la misma suerte que la famosa acequia imperial de Aragon, en que se empezó á trabajar dos siglos despues que fué proyectada.— Esta vez no se echó mano de agrimensores, como se hizo en tiempo de Vertiz, sino que se libró el problema á la consideracion de geógrafos experimentados, como Cerviño, Insiarte y Azara, á los que fueron asociados Quintana y Pinazo, que sin ser facultativos, tenian un conocimiento práctico del terreno. Bajo estos auspicios salió la expedicion de Buenos Aires, y se dirigió al fuerte de Melincué, desde donde bajó hasta la isla Postrera, recorriendo una línea, marcada por el Salado, y comprendida entre los 33° 42' 24'', y los 36° 5' 30'' de latitud austral. En el informe, con que Azara acompañó el diario de este reconocimiento, espuso al Virey los defectos que habia notado en el sistema de defensa de la frontera, y los principios que le habian guiado en el plan que él proponia para enmendarlos. Si no fuera intempestivo cualquier exámen de estas ideas, que por la extension progresiva de nuestros límites han dejado de ser aplicables, probariamos que son cuando menos problemáticas las ventajas de establecer fuertes á igual distancia entre sí, y en la misma direccion; ó, (para valernos de las palabras del autor) que no adelanten notablemente unos de otros.[1] Y sin embargo, tan penetrado estaba Azara de la utilidad de esta disposicion simétrica, que, 'por sugetarse mas á estas condiciones, no aprovechó muchas veces de sitios excelentes, y acaso mejores que los electos.'[2]'


El cuarto poder by Armando Palacio Valdés

  De Primera Parte: 'En Sarrió, villa famosa, bañada por el mar Cantábrico, existía hace algunos años un teatro no limpio, no claro, no cómodo, pero que servía cumplidamente para solazar en las largas noches de invierno a sus pacíficos e industriosos moradores. Estaba construído, como casi todos, en forma de herradura. Constaba de dos pisos a más del bajo. En el primero los palcos, así llamados Dios sabe por qué, pues no eran otra cosa que unos bancos rellenos de pelote y forrados de franela encarnada colocados en torno del antepecho. Para sentarse en ellos era forzoso empujar el respaldo, que tenía bisagras de trecho en trecho, y levantar al propio tiempo el asiento. Una vez dentro se dejaba caer otra vez el asiento, se volvía el respaldo a su sitio y se acomodaba la persona del peor modo que puede estar criatura humana fuera del potro de tormento. En el segundo piso bullía, gritaba, coceaba y relinchaba toda la chusma del pueblo sin diferencia de clases, lo mismo el marinero de altura que el que pescaba muergos en la bahía o el peón de descarga; la señá Amalia la revendedora igual que las que acarreaban «el fresco» a la capital. Llamábase a aquel recinto «la cazuela». Las butacas eran del mismo aborrecible pelote que los palcos y el forro debió ser también del mismo color, aunque no podía saberse con certeza. Detrás de ellas había, a la antigua usanza, un patio para ciertos menestrales que, por su edad, su categoría de maestros u otra circunstancia cualquiera, repugnaban subir a la cazuela y juntarse a la turba alborotadora. Del techo pendía una araña, cuajada de pedacitos de vidrio en forma prismática, con luces de aceite. Más adelante se substituyó éste con petróleo, pero yo no alcancé a ver tal reforma. Debajo de la escalera que conducía a los palcos había un nicho cerrado con persiana que llamaban «el palco de don Mateo». De este don Mateo ya hablaremos más adelante. Pues ha de saberse que en tal lacería de teatro se representaban los mismos dramas y comedias que en el del Príncipe y se cantaban las óperas que en la Scala de Milán. ¿Parece mentira, eh? Pues nada más cierto. Allí ha oído por vez primera el narrador de esta historia aquellas famosas coplas.'


Memoria histórica de indios guaranís

  De Contenido: 'El aislamiento en que vivían los padres de la Compañía de Jesús en sus misiones del Paraguay, cuyo acceso impedían a los mismos españoles, ha hecho ignorar hasta ahora el plan de esta singular república, y los arbitrios de que se valían para gobernarla. Las relaciones que se publicaron para justificar su supresión no merecen crédito, por el espíritu que presidió a su redacción y el objeto que se propusieron los que las divulgaban. Ninguno de los miembros de aquella orden famosa se empeñó en rebatir estas calumnias; sea que los desalentase la desgracia, sea por la necesidad que sienten los que sufren males inmerecidos de buscar algún alivio en objetos nuevos y fantásticos. Sin desamparar el estudio, y conservando todos los hábitos de una vida laboriosa y arreglada, los Jesuitas perdieron de vista sus neófitos, y tomaron parte en los trabajos científicos y literarios que ilustraron los últimos años de la pasada centuria. En Roma, en Boloña, en Venecia, se hicieron admirar en las academias los que habían sido declarados enemigos de la sociedad y del trono. Estos méritos no bastaron a restablecer su crédito, ni a librarlos del anatema de sus perseguidores. Los hombres más imparciales hacían justicia a los individuos, sin aprobar el espíritu de su instituto, sobre todo en lo concerniente a su modo de administrar las misiones del Paraguay. Lo que más contribuyó a acreditar estas calumnias fue la publicación de una obra, titulada Reino Jesuítico del Paraguay[1], que el padre Bernardo Ibáñez escribió bajo el influjo de sentimientos rencorosos, después de haber sido expulsado de las Misiones por sus intrigas con el Marqués de Valdelirios en tiempo de la guerra guaranítica. Este impostor llegó a Madrid cuando se meditaba la destrucción de su orden, y se coligó con sus enemigos, denigrando a sus propios hermanos. Le salió al encuentro el padre Muriel en su apéndice a la traducción latina de la obra del padre Charlevoix; pero el idioma en que redactó sus notas, y el poco interés que inspiraba entonces esta apología, la dejaron ignorada en el público, para quien el silencio suele ser prueba de culpabilidad en los acusados.'  


EL ESTUDIANTE DE SALAMANCA

  De Parte Primera: Era más de media noche, Antiguas historias cuentan, Cuando, en sueño y en silencio Lóbrego envuelta la tierra, 5 Los vivos muertos parecen, Los muertos la tumba dejan. Era la hora en que acaso Temerosas voces suenan Informes, en que se escuchan 10 Tácitas pisadas huecas, Y pavorosas fantasmas Entre las densas tinieblas Vagan, y aúllan los perros Amedrentados al verlas; 15 En que tal vez la campana De alguna arruinada iglesia Da misteriosos sonidos De maldición y anatema, Que los sábados convoca 20 A las brujas a su fiesta. El cielo estaba sombrío, No vislumbraba una estrella, Silbaba lúgubre el viento, Y allá en el aire, cual negras 25 Fantasmas, se dibujaban Las torres de las iglesias, Y del gótico castillo Las altísimas almenas, Donde canta o reza acaso 30 Temeroso el centinela Todo en fin a media noche Reposaba, y tumba era De sus dormidos vivientes La antigua ciudad que riega 35 El Tormes, fecundo río, Nombrado de los poetas, La famosa Salamanca, Insigne en armas y letras, Patria de ilustres varones, 40 Noble archivo de las ciencias. Súbito rumor de espadas Cruje, y un «¡ay!» se escuchó; Un «¡ay!» moribundo, un «¡ay!» Que penetra el corazón, 45 Que hasta los tuétanos hiela Y da al que lo oyó temblor; Un «¡ay!» de alguno que al mundo Pronuncia el último adiós. El ruido 50 Cesó, Un hombre Pasó Embozado, Y el sombrero 55 Recatado A los ojos Se caló. Se desliza Y atraviesa 60 Junto al muro De una iglesia, Y en la sombra Se perdió. Una calle estrecha y alta, 65 La calle del Ataúd, Cual si de negro crespón Lóbrego eterno capuz La vistiera, siempre oscura Y de noche sin más luz 70 Que la lámpara que alumbra Una imagen de Jesús, Atraviesa el embozado, La espada en la mano aún, Que lanzó vivo reflejo 75 Al pasar frente a la cruz. Cual suele la luna tras lóbrega nube Con franjas de plata bordarla en redor, Y luego si el viento la agita, la sube Disuelta a los aires en blanco vapor, 80 Así vaga sombra de luz y de nieblas, Mística y aérea dudosa visión, Ya brilla, o la esconden las densas tinieblas, Cual dulce esperanza, cual vana ilusión. La calle sombría, la noche ya entrada, 85 La lámpara triste ya pronta a espirar, Que a veces alumbra la imagen sagrada, Y a veces se esconde la sombra a aumentar, El vago fantasma que acaso aparece, Y acaso se acerca con rápido pie, 90 Y acaso en las sombras tal vez desparece, Cual ánima en pena del hombre que fué, Al más temerario corazón de acero Recelo inspirara, pusiera pavor; Al más maldiciente feroz bandolero 95 El rezo a los labios trajera el temor. Mas no al embozado, que aun sangre su espada Destila, el fantasma terror infundió, Y el arma en la mano con fuerza empuñada, Osado a su encuentro despacio avanzó.

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